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LA ALIMENTACIÓN IDEAL PARA LOS NIÑOS

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¿Estará mi hij@ bien alimentado? ¿Está demasiado delgado? ¿Tiene sobrepeso?

 

Son interrogantes muy comunes en los padres, ya que como todos sabemos y podemos comprobar, los niños no nacen con manual de instrucciones…
Hablar de una alimentación ideal es complicado, ya que los niños son selectivos en sus gustos, y los padres no disponen del tiempo que desearían, pero se puede conseguir una buena alimentación teniendo en cuenta unas premisas.

 

Una alimentación sana y equilibrada es indispensable para el crecimiento óptimo de los niños. Sus hábitos de alimentación no sólo influyen en el peso y talla, según su edad, también influyen de manera directa en su estado de salud a través de su recuento de colesterol o triglicéridos.

 

¿Cuál es la cantidad equilibrada de hidratos de carbono, grasas, proteínas y vitaminas que deben de tomar los niños?

 

Hay unas cantidades establecidas por las autoridades sanitarias de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Constituyen una guía para tener un punto de partida: la mitad de las calorías, es decir, el 50% deberían venir de los hidratos de carbono, entre un 12% y 15% en forma de proteínas y entre un 25-35 % en forma de grasa. En cada caso, será el pediatra y el nutricionista quienes afinarán los porcentajes.

 

Cuando los niños toman demasiado de algo, tienen un exceso y éste siempre se convierte en grasa, porque el cuerpo no elimina todo lo que le sobra. El cuerpo en previsión de momentos de carestía, cuando no encuentra sustrato energético para mantener la vida, tiene una gran predisposición a reservar. Un exceso de hidratos de carbono o de proteínas, el cuerpo lo reserva en forma de grasa, favoreciendo la obesidad.

Conocer la teoría es importante, para tener una base, pero sin embargo en la práctica es donde más se debe involucrar el entorno del niño. Para que coma de todo y en una cantidad adecuada, debemos tener en cuenta que los niños son aprendices y lo mismo que se les enseña a leer, escribir, matemáticas…hay que enseñarles a comer. Tiene que haber un punto de referencia en ese aprendizaje, a través de los padres, el colegio, los abuelos…Así mismo, estos deben tener en cuenta que los niños tienen que comer dependiendo de su edad, de su tamaño y también de su apetito, porque su apetito es un síntoma de las necesidades del cuerpo.

 

En el caso del paso de la alimentación triturada a la sólida en el bebé, el cambio debe ser paulatino. Debemos introducirles nuevos alimentos de forma progresiva y atractiva, nunca obligarlos La clave está en mantener el sabor a fruta y a verdura a lo largo de esta transición. Iremos cambiando la textura, pasando de una textura liquida mucho más fácil de tragar, a una textura con un poco más de grano, más grande. Y el niño tiene que ser capaz de pinchar, de ver colores diferentes, probar otras texturas… Tienen que explorar en la comida.
 

Si finalmente, se niega a probar un determinado alimento repetidas veces, siempre podemos buscar alimentos alternativos que ofrezcan los mismos nutrientes

 

Es importante enseñarles cuál es la base de una dieta equilibrada y esto se puede llevar a cabo de manera divertida y dinámica para que los más pequeños se diviertan comiendo sano. Además de prepararles comidas equilibradas, una buena manera de hacerlo es preparando comidas saludables juntos y haciéndoles partícipes en la cocina, se lo pasarán genial y aprenderán cómo comer sano.

 

 

En definitiva, la formación de hábitos alimentarios saludables debe comenzar desde los primeros años porque los hábitos instalados tempranamente tienden a perdurar a lo largo de la vida.