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¿TE CUESTA PEDIR AYUDA?

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Los demás no tienen que adivinar lo que necesitamos.

 

El pedir supone el derecho de una persona a existir en relación con el otro. Cuando pedimos, lo hacemos porque nos sentimos dignos de ser escuchados y ayudados”.

A pesar de lo que nos cuesta pedir ayuda debemos saber que pedir no es un signo de debilidad. Pedirle apoyo o un favor a una persona significa decirle lo importante que es para nosotros.

En todas las relaciones, sean familiares, profesionales o de amistad, intercambiamos cotidianamente pidiendo, ofreciendo y acordando. La manera en que lo hacemos determina la cercanía y el tipo de relación y dónde ponemos el poder en esa relación, si es de colaboración, de amor, de amistad, de jerarquía o antagonismo. La acción de pedir se puede dar como una indicación, una súplica, una reclamación, una exigencia, una imposición, una sugerencia o simplemente especificando lo que uno necesita, quiere o espera del otro.

Para Nekane, pedir era signo de debilidad. Así la educaron, lo importante siempre era lo que necesitaran los demás. Entendía que debía mostrarse fuerte y segura. Si quería algo, era mejor callar y aguantar. Tenía la esperanza de que el otro adivinaría lo que ella necesitaba. Tal y como le ocurría a Nekane, somos muchos los que tenemos dificultades en solicitar algo, nos es mucho más fácil ofrecer. Antes de pedir que nos escuchen, escuchamos. Antes de solicitar tiempo para nosotros, dedicamos tiempo a los demás. Antes de pedir lo que nos conviene, intentamos satisfacer al otro; y si no, nos sentimos culpables. Nos obligamos a realizar tareas que, si paráramos a reflexionar, nos daríamos cuenta de que tenemos la opción de no hacerlas, o bien no son tan urgentes o las podemos compartir. Esta actitud forma parte de los comportamientos de las personas pasivas (anteponen las necesidades del otro antes que las suyas).

A Nuria le gustaría  tener más tiempo para sí misma, y para estar con sus amigas. Pero a menudo su marido la requieren para atender a su suegra. No sabe pedir a su marido el tiempo que necesita para estar con sus amigas, le pesa la responsabilidad de ser la nuera, y si demanda espacio para lo que ella desea, se siente mal.

La actitud de excesiva responsabilidad y el miedo a la posible ruptura en la relación nos dificultan expresar lo que necesitamos. Como consecuencia, llevamos una sobrecarga de trabajo, nos sentimos víctimas de la situación e incubamos resentimiento. Esto afecta negativamente en nuestra salud, en nuestras relaciones y en el trabajo en equipo.

En general, tenemos la expectativa de que la otra persona adivine lo que queremos, y se lo pedimos de una manera indirecta, encubierta o imprecisa, con lo cual no se entiende qué es lo que queremos realmente, y cuando no se cumple nuestra demanda, nos sentimos frustrados en la relación porque la otra persona no nos ha dado lo que esperábamos, y es el momento en el que acumulamos resentimiento y empiezan los reproches. “Ya te lo dije” le decimos, pero la persona responde naturalmente que no se enteró.

Se trata de dedicar el tiempo necesario para clarificar lo que queremos con precisión y asegurarnos de que la otra parte ha entendido nuestra demanda. Las prisas nos hacen ser imprecisos, y esto acaba generando malos entendidos.

Debemos dedicar el tiempo necesario para clarificar lo que queremos con precisión. Las prisas nos hacen ser imprecisos, y esto acaba generando malos ­entendidos.

Es habitual pedir ayuda cuando nos sentimos enfermos o vulnerables, y es entonces cuando damos la oportunidad a otras personas para que se acerquen a nosotros y nos acompañen. En circunstancias “normales” nos da apuro expresar lo que necesitamos, pero cuando tenemos una razón de peso que justifica la petición, lo hacemos.

Los sentimientos de vergüenza nos dificultan la acción con claridad. El miedo a mostrar nuestros límites y nuestra fragilidad nos hace ocultar nuestras necesidades o postergarlas.

Pedir es darse a uno mismo el derecho de existir para los demás. No se trata de pedir como pobrecillos, sino, desde el respeto a uno mismo y sintiendo que somos merecedores. Manifestar lo que nos gusta y nos conviene y que nos escuchen. No es cuestión de pedir todo el tiempo. Se trata de saber pedir con claridad y decir lo que sentimos y necesitamos y cómo nos afecta lo que los demás nos dicen y hacen. Cuando pedimos algo, le damos al otro la oportunidad de estar a nuestro lado, le mostramos la importancia que tienen para nosotros y le ofrecemos que nos acompañe. Es un acto de amor y de consideración hacia uno mismo y los demás.

Pedir es un acto de humildad. Es reconocer nuestra fragilidad y no sentirnos mal por ello. No somos más débiles por hacerlo. Al revés, cuando uno manifiesta lo que necesita y lo reclama en voz alta, es un acto de valentía. Debemos atrevernos a decir que no y a decir que sí con asertividad.

Se trata de aprender a decir sí a lo que pedimos con respeto hacia uno mismo y hacia el otro, con autoestima y dignidad. Cuando adoptamos esta actitud, siempre se está dando la negación a otra cosa. Quizá decimos no a lo que se nos está pidiendo, pero si lo hacemos con asertividad implica que se ha reflexionado, que existen buenas razones para decir que no, y no son en contra de nadie. Es decir, la negación surge de una actitud positiva y no del rencor o rechazo a la persona. Con diálogo que llegue a un acuerdo. Se pueden ofrecer alternativas, soluciones o ideas creativas mostrando su atención. En este sentido, el no surge de un espacio de amor, valentía y respeto.

Aprender a negarse a una demanda significa también educarse en aceptar que nos puedan contestar lo mismo cuando somos nosotros los que nos encontramos en el otro lado, y, por tanto, asimilamos que no somos rechazados por ello.

En ocasiones, no pedimos por miedo a sentirnos rechazados. Aprendiendo a decir lo que queremos con claridad y abiertos a lo que el otro nos ofrece, llegamos a acuerdos. El diálogo conduce a un punto de encuentro, y sentirse con esa libertad facilita solicitar lo que necesitamos sin tapujos, con seguridad en nosotros mismos y con la confianza en el otro.

Pero hay un punto que conviene dejar claro: ser conscientes de cómo realizamos nuestra solicitud de ayuda porque nuestra forma de pedir es recibida de distintas maneras.

Un favor no es un compromiso o una deuda

Para mantener lazos personales saludables debemos escuchar y reconocer al otro, saber solicitar lo que necesitamos y ofrecer lo mejor de nosotros, llegando a acuerdos que nos ayuden a avanzar en nuestros propósitos. Conectar con nuestras aspiraciones y sueños y saber pedir la ayuda necesaria para que se cumplan nos mantiene centrados y alineados con nuestras motivaciones.

El que pide cuando lo necesita, de forma clara y sin complejos fortalece nuestro vínculo con la otra persona. “Cuando pedimos para el beneficio propio”, es importante entender que le ofrecemos al otro la oportunidad de dar, generar satisfacción en nosotros y fortalecer el vínculo. Pocas personas tienen claro que esto es saludable para la relación y sienten que quedan en deuda o que se les debe algo. “Una relación sana permite pedir un favor sin que se transforme en una deuda”.

Pide erróneamente quien:

 

Para mantener relaciones honestas y saludables es necesario solicitar ayuda con claridad, con dignidad y abiertos al diálogo. En la petición se debe ser proactivo y abierto, poniendo de nuestra parte para que el diálogo sea fluido y verdadero.

 

 

 

Por cierto, ¿Puedo pedirte un favor?

No olvides las palabras mágicas “por favor”, “gracias” y “de nada”.