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LA RESILIENCIA

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Todos hemos conocido alguna vez personas que parecen de acero, que ante un hecho traumático o circunstancia adversa son capaces de afrontarlo con éxito mientras que otras se hunden en sus emociones negativas. Es posible que si echas la vista atrás, esa persona puedas ser tú mismo, en aquella ocasión complicada que, no sabes bien cómo, pero finalmente la afrontaste mucho mejor de lo que podías esperar. Lo que se esconde tras la explicación de este fenómeno es la resiliencia.

 

La resiliencia hace referencia a la capacidad para afrontar y lograr adaptarse de forma positiva ante la adversidad, contextos traumáticos, tragedias o estrés severo.

 

Ser una persona resiliente no significa que no hay dolor emocional y dificultad ante la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, pérdida de trabajo, problemas económicos etc. Son situaciones que producen sentimientos de tristeza, sensación de inseguridad, incertidumbre y dolor. No obstante, las personas consiguen generalmente sobreponerse a estos hechos y adaptarse relativamente bien en un periodo de tiempo.

 

La resiliencia no es una capacidad innata sino un camino que no es fácil y que implica,  además de malestar emocional, una serie de conductas y formas de pensar que se pueden aprender y desarrollar.

 

Diferentes estudios destacan la importancia del entorno en el que se han desarrollado los individuos resilientes: tenían poca edad al ocurrir algún evento traumático, sus familias contaban con figuras paternas competentes, y disponían de adecuadas relaciones sociales que les proporcionaban un buen aporte de apoyo social.

 

Hay tres cualidades principales que caracterizan a las personas resilientes:

 

  1. La aceptación de la realidad tal y cómo es.
  2. Creencia de que la vida tiene sentido.
  3. Capacidad para la mejora y crecimiento personal.

 

Además, las personas con alta resiliencia poseen las siguientes habilidades:

 

 

 

Nuestras percepciones y formas de pensar influyen en cómo afrontamos el estrés y las dificultades que se nos presentan.

 

Las personas con alta resiliencia tienen un estilo de pensamiento realista, flexible y con unos esquemas cognitivos adecuados por lo que cometen menos errores de pensamiento o distorsiones cognitivas como la sobregeneralización, razonamiento emocional, personalización, pensamiento dicotómico etc.

 

 

FACTORES QUE CONTRIBUYEN A SER RESILIENTE

 

 

Diferentes estudios destacan la importancia del entorno en el que se desarrolla la persona. Disponer de adecuadas relaciones familiares y sociales en momentos de dificultad contribuye a que la persona aprenda a ser resiliente.

 

El papel de los padres es fundamental a la hora de desarrollar la resiliencia. Facilitar el desarrollo de adecuados niveles de autoestima y autoconfianza es importante, así como ayudarles desde la infancia a aceptar las emociones negativas que se derivan de situaciones adversas y a tolerar la frustración ( Por ejemplo: “ es normal que te sientas enfadado cuando ocurre…..pero estoy seguro que tú vas a saber cómo solucionarlo”).

 

Un ámbito educativo en el que se genera espacio para que cada niño potencie sus habilidades y competencias y presentando retos asumibles también ayuda a desarrollar la resiliencia, educando desde el refuerzo y no desde el castigo.

 

Tener en tu vida personas que te apoyan y en quien confiar aumenta la resiliencia. El apoyo emocional es uno de los factores principales.

 

Es importante que te permitas sentir emociones intensas sin temerlas y sin huir de ellas, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer cuándo necesitas evitar sentir alguna emoción y centrar tu mente en otra distracción.

 

Afrontar los problemas y buscar soluciones implica verlos como retos a superar y no como terribles amenazas.

 

ENSEÑAR A DESARROLLAR LA RESILIENCIA DESDE LA INFANCIA

 

Tal y cómo explica el psicólogo Martin Seligman en las últimas décadas ha mejorado la calidad de vida de los estadounidenses, pero sus niveles de satisfacción han disminuido por lo que han aumentado los casos de depresión.

 

Enseñar desde la infancia a ser más resilientes,  a adquirir habilidades para afrontar las dificultades, a experimentar emociones positivas y a superar retos puede protegerlos de sufrir depresión y ayudar a mejorar su satisfacción en la vida.

 

En sus investigaciones crearon programas destinados a enseñar a adolescentes a manejar los factores estresantes de la vida diaria y ayudarles a pensar de manera realista y flexible. Se les enseñaron habilidades de resolución de problemas, toma de decisiones, técnicas de relajación y asertividad. Aumentó el optimismo y los síntomas depresivos, la desesperanza y los niveles de ansiedad se redujeron.

 

Inculcar un pensamiento positivo y contribuir a que los niños desarrollen la resiliencia desde pequeños puede servirles para afrontar retos futuros.

 

 

CLAVES PARA DESARROLLAR LA RESILIENCIA

 

La resiliencia es algo que se puede desarrollar adquiriendo diferentes habilidades y recursos.

 

Uno de los aspectos más importantes para ser una persona resiliente es el apoyo social, por lo que cultivar las relaciones es necesario. Mantener un círculo de amistades cercanas y buenas relaciones familiares supone tener apoyo y más fuerza cuando nos encontremos en momentos difíciles.

 

Como hemos mencionado anteriormente las personas resilientes tienen un estilo de pensamiento realista. Es importante trabajar un uso de pensamiento constructivo y positivo, no ver los problemas como tragedias insoportables sino como retos a superar.

 

En ocasiones nos puede parecer que un problema no tiene solución y nos puede conducir a sentimientos de impotencia, pero realmente no sabes lo que puedes hacer hasta que lo intentas. La autoconfianza y pensar que antes o después encontraremos la solución y que la situación mejorará nos ayuda a afrontarlo. Asimismo, tener una visión optimista del futuro, sentirte capaz de controlar tu vida y hacer los cambios necesarios para conseguir los objetivos y proyectos propuestos contribuye a resolver los problemas con éxito.

 

Cuando hablamos de tener optimismo no nos referimos a vivir con fantasías irreales sino todo lo contrario, a interpretar los hechos de forma realista. Aún más, para ser una persona resiliente es un factor clave aceptar la realidad tal y como es ya que negándola nunca conseguirás cambiarla. La negación de la realidad implica cerrar los ojos y no hacer nada o bien reaccionar maldiciendo al mundo y al destino siendo incapaz de pensar. Muchas veces tenemos que aceptar los acontecimientos negativos que ocurren en nuestras vidas con paciencia y esperanza ya que no siempre tienen solución al momento, mientras tanto, tratar de sentirnos lo mejor posible centrándonos en  todo lo bueno que tenemos en nuestras vidas nos ayudará.

 

Los momentos difíciles o las crisis forman parte de la vida, pero está en tus manos aprender a crecer con ellos o hundirte y sentirte amargado por la “injusticia de la vida”. Realmente los momentos te empujan a sacar lo mejor de ti, a ser fuerte, a pensar y buscar soluciones, a actuar. En ocasiones te hace cambiar tu punto de vista y ver las cosas con una perspectiva más amplia y flexible, te hace madurar. Por supuesto, no queremos esos golpes que te da la vida, pero si nos pasan, al menos podemos aprovecharlas para sacar algo positivo de ellos y a crecer y mejorar como persona.

 

Y por último, no olvides mantener el sentido del humor ante los problemas.

 

 

 LEVÁNTATE, SUSPIRA, SONRÍE Y SIGUE ADELANTE