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EXPECTATIVAS DE LAS VACACIONES VERSUS REALIDAD

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Las expectativas que tenemos de las vacaciones en ocasiones no se ajustan a la realidad.

 

Tras un año de trabajo, presiones, madrugones, poder disfrutar poco del tiempo libre… se nos presentan unos días en los que no existe esa obligación de trabajar. Son unos días muy ansiados por muchos motivos, para descansar, para conocer diferentes países, vivir experiencias, compartir tiempo con amigos, pareja, familiares…

 

Cada persona construye una idea de cómo serían unas buenas vacaciones. Dependiendo de su momento vital, tendrá diferentes motivaciones. Sin embargo, en esa idea se deben incluir circunstancias y variables externas, para que las vacaciones no se vean frustradas.

 

Uno de los aspectos que se ha de tener en cuenta es el económico. Ser conscientes del presupuesto con el que contamos ayudará a elegir un planteamiento de actividades, salidas, visitas…más acorde. Y relacionado con el presupuesto y los días disponibles está el destino. Hay personas que quieren, e incluso necesitan realizar las vacaciones siempre en el mismo lugar, porque saben que es la manera que más van a disfrutar. Por ejemplo personas que tienen una segunda vivienda, una casa en un pueblo, o que siempre van al mismo hotel, camping…En muchas ocasiones crean su círculo social, de amigos…en ese lugar, y tienen la tranquilidad de que toda la familia disfrutará.

 

Sin embargo, hay personas que necesitan romper con la rutina de todo el año y lo que buscan son vivir nuevas experiencias, descubrir nuevos países…En este caso, la búsqueda del destino es muy importante, y es recomendable conocer, informarse de aspectos relevantes del destino, para no llevarse sorpresas ingratas.
Siempre teniendo en cuenta los aspectos anteriores, la variable más importante es la compañía. A pesar de que cada vez son más las personas que viajan solas, la vacaciones suelen realizarse o bien con amigos o con familia. En ambos casos se debe de tener en consideración las ideas y expectativas de cada uno. Por ejemplo cuando se viaja con niños se han de tener en cuenta sus necesidades, y no pretender que los niños se comporten como adultos.
En ocasiones ocurre que la rutina del día a día dificulta la comunicación entre la familia que convive y en vacaciones es cuando más tiempo se pasa juntos, y de mayor calidad se pretende que sea. Sin embargo, no siempre se logra porque para ello debe de haber una base de confianza, entendimiento e incluso conocimiento que no existe. Pueden darse discrepancias, discusiones que enturbien la convivencia vacacional.
Por ello es recomendable hacer partícipes a todos de la preparación del viaje, teniendo en cuenta sus intereses y sus expectativas. Cada uno debe sentir las vacaciones como propias, pero entendiendo que la convivencia implica una adaptación a las necesidades del otro.

 

Finalmente debemos contemplar la posibilidad de que en ocasiones, las cosas no salen como uno esperaba. Puede ocurrir que a pesar de llevar una buena planificación, el hotel no sea como uno esperaba, el tiempo no acompañe, tengamos que soportar eternas caravanas, el niño enferme…Para ello el único antídoto es mantener una buena actitud, y buscar alternativas que nos reconforten.

 

La relación entre los deseos y las expectativas que construimos sobre ellos, van a ser la clave para lograr un objetivo esencial en vacaciones: disfrutar, ser felices, llenar ese tiempo de experiencias y momentos gratos y placenteros.