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¿ES EL AZÚCAR EL NUEVO TABACO?

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Definitivamente sí.

Como resultado de la obesidad, la generación de padres en la actualidad puede ser la primera en vivir más que sus niños, debido al azúcar añadido en lo que ingieren.

Investigadores de Oxford han estimado que una reducción del 15% en el consumo de azúcar a través de tal impuesto, evitaría que 180.000 personas solo en el Reino Unido se volvieran obesas al cabo de un año y un mayor número adquiriesen sobrepeso.

Por cada 150 calorías de azúcar adicionales disponibles para consumo, hubo un incremento de 11% en la prevalencia de diabetes de tipo 2 en la población. Esto se compara con 150 calorías de otra fuente, como la grasa o la proteína, y es independiente de los niveles de índice de masa corporal (IMC) y actividad física.

Un estudio prospectivo de cohortes de gran calidad reveló una influencia en la mortalidad cardiovascular en adultos estadounidenses que consumían más de 25% de calorías de azúcar añadido, frente a los que consumían menos de 10%, y los hallazgos fueron congruentes para los diferentes niveles de actividad física e IMC.

Los efectos positivos de reducir la ingesta de azúcar sobre la salud al parecer son muy rápidos. En un estudio de 43 niños hispanoamericanos y afroestadounidenses con síndrome metabólico, manteniendo idénticas las calorías totales y las calorías a partir de hidratos de carbono, una reducción de una media de 28% de las calorías derivadas de azúcar añadido a 10%, disminuyó en grado significativo los triglicéridos, el colesterol de las LDL, la presión arterial y la insulina en ayunas al cabo de sólo 10 días.

¿Cuánta azúcar necesitamos? Para fines de salud, el consumo óptimo es cero. El azúcar añadido no tiene ninguna necesidad biológica y, por tanto, por definición, no es un “nutriente”. Es el componente de fructosa (la sacarosa contiene 50% de glucosa y 50% de fructosa) el que cumple cuatro criterios que justifican su regulación: toxicidad, inevitabilidad, el potencial de abuso y su repercusión negativa en la sociedad.

El consumo diario de sólo unas pequeñas cantidades de azúcar libre, lo cual incluye todo azúcar añadido y azúcar presente en jugos de frutas, jarabes y miel, tiene una repercusión perjudicial en la enfermedad no transmisible más frecuente a nivel mundial: la caries dental. El tratamiento de la caries dental contribuye con 5% – 10% a los gastos de salud en los países industrializados.

La Organización Mundial de la Salud recomienda un límite máximo de consumo de azúcar que constituye no más de 3% de las calorías diarias (aproximadamente tres cucharaditas). Como referencia, una lata de refresco de cola regular contiene nueve cucharaditas de azúcar añadido, que es el triple del límite superior de la ingesta recomendada.

El hecho de que transcurriesen 50 años antes que se publicaran los primeros vínculos entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón en British Medical Journal y antes que se introdujese la reglamentación eficaz, atestigua la forma en que la industria del tabaco pudo defender sus prácticas. Fue clave para la estrategia, la negación, implantar dudas, confundir al público, comprar la lealtad de científicos y dar argumentos a los aliados políticos.

Las similitudes entre la industria del tabaco y la industria del azúcar son perturbadoras. Como lo demostró una publicación reciente en JAMA Internal Medicine, la industria del azúcar pagó a tres científicos de Harvard influyentes para minimizar el rol del azúcar en las cardiopatías y cambiar la culpa a las grasas.

El año pasado, el New York Times expuso que la compañía Coca Cola pagó millones de dólares para financiar investigación que restaba importancia al rol de las bebidas azucaradas en la obesidad y atribuía como factor principal la falta de ejercicio.

Las exhortaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud para gravar las bebidas azucaradas – con impuestos como al tabaco – son noticias muy bienvenidas para quienes hacen campaña a favor de la salud. Sin embargo, los mensajes de salud pública tienen que ser más claros.

No hay nada de malo con el refrigerio esporádico, pero el azúcar no tiene lugar como parte de una “dieta equilibrada saludable”. De un modo similar al tabaquismo, cualquier medida regulatoria adicional para reducir el consumo de azúcar, como la proscripción de publicidad de bebidas azucaradas y disociar las bebidas azucaradas de los eventos deportivos, tendrá una repercusión adicional para mejorar la salud de la población en un breve periodo.

La ciencia es más que suficiente; el caso en contra del azúcar es abrumador. El azúcar es el nuevo tabaco, así que comencemos a tratarlo como tal.

 

Dr. Alberto Azzollini
Médico Especialista en Medicina del Deporte