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ABUELIDAD

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Abuela, abuelo… contadme otra vez cómo os enamorasteis

Función-ando

Vivimos en una cultura en la que se piensa que es natural y normal que las personas mayores sufran de depresión, cansancio, incontinencia, olvidos, disfunciones sexuales y senilidad.

Las empresas farmacéuticas y parte de la ginecología, siembran, sobre todo en las mujeres, esa semilla del miedo, por la que se inculca que a que tan pronto entren en la menopausia, su cuerpo simplemente se va a desmoronar y desgastar a menos que tomen medicamentos. Con el hombre, también pasa algo parecido; “ya no se entera”, “ya no es el mismo” y sin darnos cuenta, vamos perdiendo la oportunidad de disfrutar de ese tesoro, ese oro molido, nuestros mayores.

Pero, aunque algunas funciones parecen verse menguadas, como es natural, otras son importantes de potenciar y poner en relieve.

La palabra abuelo/abuela define una función, un lugar en la línea generacional. Los abuelos y abuelas representan un mundo de sentimientos y recuerdos. Tienen la función, de la transmisión del conocimiento generacional, del pasado, de los orígenes y, a su vez, pueden escuchar, comprender y sostener a sus nietos y nietas, en aquellas ocasiones en las que sus padres y madres no pueden hacerlo.

Tienden a corregir en sus nietas y nietos muchos de los errores cometidos con sus hijos. Se convierten en un agente para cuidar a los hijos e hijas de sus hijos/hijas,; se puede dar una complicidad protectora. Por otro lado, los nietos y nietas estimulan a sus abuelos/abuelas facilitándoles deseos nuevos y frescura. De esta manera, se completa una función bidireccional para las dos partes. La relación entre abuelos/abuelas y nietos /nietas se posiciona en un segundo lugar, tras la relación padres e hijos. Es importante para el equilibrio en la familia, que cada miembro ocupe su lugar.

Transmitiendo nuestra historia

Se dice que la transmisión entre generaciones, ha sido afectada por la crisis de la postmodernidad, crisis de vínculos de las generaciones mayores con las nuevas generaciones, produciendo desencuentros entre ellas.

Pero aquí, queremos destacar la importancia de esa transmisión, sea la que sea, con sus secretos y sus duelos. Siempre que sea posible y con mucho tacto, ya que toda historia toca al sujeto, que es parte de ella. Somos todos portadores de un nombre, de una historia singular (biográfica) ubicada en la historia de un país, de una región, de una civilización. Somos sus depositarios y sus transmisores.

Lo que resulta apasionante en la aventura propia de la transmisión, es precisamente que somos diferentes de quienes nos precedieron y que nuestros descendientes es probable que sigan un camino sensiblemente diferente del nuestro, y así lo hemos de permitir, ya que lo que vivan nuestros siguientes,  no nos pertenece.

Porque cuando el trabajo de transmisión no se produce, es posible que aparezcan duelos por lo no hecho. No se realiza el proceso de reaprobación de la herencia de las generaciones precedentes.

Abuelos y abuelas, contad cuentos a vuestros nietos y nietas, contad vuestras historias con orgullo, escuchadles cuando sufran, abrazarles con amor, sentiros orgullosos de lo que son, no os preocupéis por lo que no son. Su historia, parte de la vuestra, pero no lo es ni será la misma.

Mil gracias  por vuestro apoyo.  ¡Os queremos!